Sebastián Benítez

Barbate

Cuando creo una guitarra lo que trato es de buscar el sonido que entiendo que es el ideal y más me llena

por Joaquín Fernández

Los instrumentos hablan. Cuentan historias. Los sonidos también. Tienen incluso acentos. Cecean, sesean, cada uno a su forma. Las notas no se callan. Comunican. Enseñan como es el músico, el que hace hablar al sonido. El instrumento sigue conversando. Cuanto más se le oye, mejor se le entiende. Se puede percibir su acento. Sus maderas, sus cuerdas, su forma tiene un origen, y es lo que le permite comunicar. Su idiosincrasia.

Sebastián Benítez se ha formado como luthier gracias a su afán por aprender y mejorar cada vez que inicia una nueva guitarra.

Internet ha sido su puntal más fuerte, como reconoce, pero los libros y los sabios consejos de constructores de guitarras de la provincia, como Rafael Porras o Rafael Romero, le han permitido conocer los detalles que verdaderamente dan vida al instrumento. Tardó un año en construir su primera guitarra. “Cada vez que creaba una daba un paso más y experimentaba, intentaba estudiar las carencias, analizaba constructores para así en cada intento perfeccionar más el instrumento y dar un salto de calidad”. Los buenos materiales y, sobre todo, la paciencia son las herramientas necesarias para un constructor de guitarras.

Otras de las peculiaridades de este joven luthier es que, además de constructor, es músico. “Empecé a aprender a tocar la guitarra a la vez que las fui construyendo. Cuando hice mi primera guitarra tuve que llamar a gente continuamente para que la probara y que me diera sus consejos”, recuerda Sebastián. De esta manera, conoce mejor el instrumento por dentro y por fuera, lo que le ayuda a mejorar tanto como músico como constructor de guitarras. Además, el último proyecto discográfico de su grupo, ‘Despegaíto’ está grabado con instrumentos construidos artesanalmente por él.

Físicamente es posible reconocer las guitarras de este barbateño por su dibujo tallado en la pala. Es lo más personal. Sebastián talla una mariposa y en otras ocasiones una piña, en honor a la Breña, para así otorgarle un carácter más local al instrumento.

En busca de un sonido que hable. “Cuando creo una guitarra lo que trato es de buscar el sonido que entiendo que es el ideal y más me llena, aunque para otros no lo sea”. El sonido es personal, por ello tiene su acento. Un acento peculiar y que sólo cada constructor sabe otorgar con sus manos para que otras manos le hagan hablar. Un sonido artesanal, pero con acento barbateño.