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En este trabajo te vuelves más sensible a las imperfecciones

Por: Francisco Romero()

Fotografia: Maky Gassin (@makygassin)

El original publicó en LaVozDelSur.es

David Cosano es un lutier que lleva 16 años reparando y construyendo instrumentos de cuerda, aunque todavía se considera un novato: “Para dedicarte a esto tienes que ser un apasionado de la música”.

Cuando abre la puerta de la que es su nueva casa, y por ende también su taller, David tiene puestos guantes y un delantal que, por alguna salpicadura, delata que lleva unas horas trabajando. “No te puedo dar la mano porque mancho”, señala. En el centro de lo que antes era un garaje, y ahora ha convertido en su nuevo lugar de trabajo, preside la estancia un contrabajo, apoyado en un artilugio que ha diseñado él mismo y que le permite barnizar el instrumento por todas sus caras sin tener que aguantarlo en peso. David Cosano, como se adivina a estas alturas, es lutier, es decir, construye y arregla instrumentos de cuerda, perpetuando un oficio al que se dedican pocas personas en la ciudad.

La suya es la historia de una pasión, por la música concretamente. Empezó a estudiar Medicina, luego probó con Historia y su intención era especializarse en Antropología. Pero fue en Sevilla, en su época de estudiante, cuando vio claro que quería dedicarse a la música. “Ahí fue cuando me dio fuerte”, señala David, que empezó a estudiar el grado elemental de violín y acabó en la Escuela de Artes y Artesanías de Andalucía Della Robbia, en Gelves (Sevilla), donde le enseñaron buena parte de lo que sabe. Su maestro José Ángel Chacón luego le dio las claves. Más de cuatro años estuvo yendo a Málaga, al menos dos veces en semana, para seguir aprendiendo de manos del que ha sido su mentor.

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“Siempre me han gustado las músicas de otras culturas, pero no tenía acceso a los instrumentos y los construía”, cuenta David, que lleva desde 2000 dedicado a la lutería, aunque sigue formándose constantemente y todavía se considera un novato. “No llevo 30 años en esto para decir que soy un experto”, señala. Aún así trabajo no le falta. Los años de la crisis fueron duros, pero desde principios de 2015 no para. “Ahora mismo se puede vivir de esto”, dice David, que en estos momentos está terminando de hacer un violín por encargo para un vecino de Sanlúcar. Unos tres meses y medio lleva haciéndolo, aunque señala que es muy difícil calcular el tiempo que tarda en construir cada instrumento. Luego empezará con una viola, también por encargo.

En su taller de la calle Oropesa, en el barrio de San Miguel, donde lleva poco tiempo instalado, termina de dar forma al violín. Se empeña con esmero, y mucha paciencia, lijando la caja para que quede lo mejor posible. “En este trabajo tienes que tener sentido de la precisión, yo soy perfeccionista pero esto lo ha agudizado, te vuelves más sensible a las imperfecciones”, explica el lutier, que cuenta que en un violín, aunque tenga detalles en los que prima la estética, “todo tiene una razón de ser”. La voluta –la terminación del mástil–, dice que es como la firma del lutier, “ahí demuestras tu habilidad tallando”. Pero, claro está, “al final lo que cuenta es el sonido”.

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Ya trabaja para todos los conservatorios de Jerez, Chiclana, Sanlúcar, Cádiz, La Línea y Ceuta. “El 70% es restauración y puesta a punto”, añade. Los barnices que usa los hace él mismo con resinas naturales. “En las restauraciones cada fractura es muy diferente, hay que usar mucho la imaginación”, dice, por eso señala que “para dedicarte a esto tienes que ser un apasionado de la música, es muy importante el componente emocional”.

 

Y sus instrumentos no suenan mal. Para ello, compra la madera, normalmente de abeto para las tapas y de arce para los fondos y los arcos, en países como Rumanía, Italia o Alemania. Luego las deja secar, no menos de cinco años. “Es importante que esté seca para construir, para que no se dilaten y luego se puedan encoger”, explica. Construir instrumentos es lo que más le motiva, y lo que le da un plus para seguir sobreviviendo en este complicado oficio, que ama con todas sus fuerzas. “Es muy gratificante, hago lo que me gusta, trabajo hasta la hora que quiero… Aunque hay días que hay que parar porque no estás bien y puedes estropear el trabajo de varios días. Hay que estar concentrado y a gusto”.

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David cuenta que no se ha vendido mucho por internet. No le ha hecho falta. Tiene una web y un blog que no actualiza desde hace tiempo, pero la mayoría de sus encargos le han llegado por canales tradicionales. El boca a boca es la clave para ir aumentando la cartera de clientes. “Si tengo buenos instrumentos, se corre la voz”, señala. “Son tus propios clientes los que te hacen publicidad”, dice el lutier que, mientras le dejen, seguirá dedicándose a su pasión. Esperemos que sea por muchos años.

 

 

Laboratorio de futuras notas

por

original en lavozdigital

Las vueltas de la vida marcaron que David Cosano acabara con una lezna y una barrena en las manos. Había estado en la universidad estudiando Historia, pero finalmente acabaría en Gélvez, estudiando el viejo oficio de luthier con José Ángel Chacón. «Es mi maestro, quien me ha enseñado todo lo que sé de este oficio», comenta.

Ahora, David tiene casi rematado un precioso violín. Pero como el oficio no se acaba de aprender nunca, comenta que «en cuento lo tenga acabado iré a Málaga para que le dé el visto bueno». El caso es que éste no es oficio para «manitas». «No digas eso, que los luthiers nos cabreamos mucho. Las manos no son más que una parte de nuestras herramientas. Lo nuestro va mucho más allá. Es un trabajo que nace en la cabeza, y después lo que hay que saber es ejecutar lo que tienes en la mente», subraya.

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David Cosano, posiblemente, acaba de inaugurar un nuevo oficio en nuestra ciudad. Al menos no se recuerdan referentes en Jerez de personas capaces de hacer instrumentos de cuerda en Jerez, ni tampoco restauradores. A eso, esencialmente, se dedica David. «Estuve dos años preparándome en con mi maestro. Y después he estado unos seis años haciendo trabajo bajo su dirección. Bueno quizá llegó el momento de salir del nido y buscarme la vida de forma independiente. Soy de aquí de Jerez, y siempre creí que era aquí donde tenía que montar mi taller propio. Llevo aquí en el Zoco dos meses y bueno con mucha ilusión por trabajar mucho», apostilla.

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Profesión donde la experiencia es un grado, está basada en el mundo de las medidas, de los grosores de las maderas y de los sonidos que desarrollan las maderas cuando se percuten en ellas con las yemas de las manos. «Aquí tampoco existen muchos misterios. Sólo debes sentirte capacitado y tener como una de las premisas más importantes tener mucha precisión y controlar la impaciencia. Las carreras no llegan a ninguna parte», subraya.

Violines, violas, violonchelos, contrabajos o guitarras bien clásicas que flamencas son algunos de los instrumentos que nacen y crecen de las manos de este artesano. Se trata de la antesala de la música, del laboratorio en el que nacen los pentagramas.

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Un documental corto por ” IoFusion ” en su taller:

Andrés Domínguez en su taller

Escrito por Fernando Barón

El interés primordial de los aficionados al bricolaje es el trabajo con madera, y dentro de las maderas el oficio más exigente y preciso es la construcción de instrumentos de cuerda. Por ello hemos entrevistado en su taller a un afamado constructor de guitarras, Andrés Domínguez, que nos ha brindado numerosos consejos, válidos tanto para los constructores aficionados como para los amantes de la madera en general.
Andrés Domínguez pasó por variados oficios antes de ejercer su vocación: fue pastelero, almacenista, barbero, mecánico, incluso algo tan singular entre los luthiers como intérprete de guitarra. Finalmente encontró su camino como constructor, y hoy día veremos su nombre en webs de guitarristas aficionados en países tan remotos como Australia.

Pregunta: ¿Cómo fue tu inicio en el mundo de la guitarra?
Respuesta: Empecé a tocar con 16 años. Mi maestro era un bohemio, tenía la casa llena de libros antiguos y coleccionaba artilugios rarísimos. Era un hombre de humor imprevisible, a veces el alumno lo encontraba irritado y tenía que esperar hasta que se le pasara el mal humor. Pero como profesor era excepcional, fue el maestro de muchos grandes intérpretes. Enseñaba a profesionales pero también a aprendices como yo. Era buen guitarrista, pero no tenía el control del temperamento que necesita el intérprete, de modo que pronto se cansó de las giras y decidió establecerse como profesor.
P: ¿Tenías ya la meta de hacerte guitarrista?
R: Al principio sólo tocaba por afición, claro. Mi primera guitarra me costó 800 pesetas. Trabajaba de día en el taller, iba a mis clases de guitarra varias veces a la semana y practicaba de noche. Fui dejándome ver como aficionado, hasta que un día un artista flamenco envió a su hijo para preguntarme si quería trabajar con él esa misma noche. Así empezó mi carrera de intérprete, que duró bastantes años.

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P: ¿Cómo te pasaste a la construcción?
R: Yo había trabajado en un almacén de maderas y siempre me interesó la ebanistería. Al convivir a diario con una guitarra fue esa la vertiente que me sedujo. Entré como alumno del luthier Manuel Ortega Sousa, discípulo del legendario Santos Hernández. Ortega Sousa era un gran investigador, siempre buscaba innovaciones y mejoras, solía decir que en su vida no había hecho dos guitarras iguales. Aquel formidable artesano trabajaba en el diminuto lavadero de su casa, y como banco de trabajo sencillamente ponía una tabla encima de la pila.
P: ¿Es normal que un luthier sea también intérprete?
R: En absoluto, es muy raro. El constructor no necesita saber tocar bien, sólo con oír una cuerda al aire ya conoce la calidad del instrumento y cuál es el posible defecto si lo hay. Pasa como en la mecánica, un mecánico no tiene que ser un gran piloto para dominar su oficio a la perfección.

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P: ¿Crees posible dominar ambas cosas?
R: No, poco a poco el trabajo con las herramientas te va dañando las manos, y pierdes la delicadeza que requiere tocar un instrumento musical. Además lo que verdaderamente me gustaba era hacer guitarras, de modo que fui abandonando la interpretación y me centré en lo mío.
P: ¿Recuerdas cómo vendiste la primera guitarra?
R: Se le vendí a un matrimonio inglés por unas 10.000 pesetas, cantidad respetable en aquel tiempo. Con ese dinero compré más herramientas, maderas, y sobre todo recibí un enorme estímulo. Trabajaba en casa, en un taller montado de manera provisional. Ya toda mi actividad profesional se cifraba en la guitarra, de modo que tocaba de noche y trabajaba de día.

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P: Veo que tu técnica es muy artesanal
R: No tengo afición a la maquinaria, me gusta hacerlo todo a mano. Incluso trabajos complicados como el vaciado para la roseta, el adorno circular de la boca, lo hago a formón. Es muy satisfactorio.
P: ¿Usa la cola de conejo por apego a la tradición?
R: No, es el adhesivo que emplean todos los constructores. La cola de conejo tiene cualidades inmejorables para la luthería. Su principal virtud es que se deshace con facilidad aplicando calor, o simplemente alcohol. Los instrumentos de cuerda duran muchos años, y son máquinas de precisión. Cuando un violín necesita un arreglo, se le desprende la tapa ablandando la cola animal, se abre como el motor de un coche, y se limpia, se restaura o calibra lo que precise. Se vuelve a encolar, y listo. Ningún otro adhesivo lo permite.

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P: ¿También por eso se emplea cola de conejo en las guitarras?
R: Las guitarras no se abren como los violines, porque el mástil y el diapasón se montan de otra manera. Pero también utilizamos cola animal en la tapa armónica, y el motivo es la acústica. La cola animal cristaliza y transmite mejor el sonido que las colas industriales, por ello se utiliza para anclar en la tapa el puente, la pieza que sujeta las cuerdas.
P: ¿Por qué empleas el secador?
R: Así caliento la zona para evitar que el fraguado sea demasiado rápido, por esa razón antaño no se montaban los instrumentos en invierno. También hay otra función: al subir la temperatura en las piezas a unir, la cola se vuelve más fluida, de esa manera se expande bien y la unión es sumamente ajustada, perfecta. La tapa armónica requiere el máximo cuidado, es como la batuta de la guitarra.
P: ¿Dónde se encuentra la cola de conejo?
R: En almacenes especializados y droguerías. Se compra en placas, cuesta unos 9 euros el kilo: más barata que la cola blanca. Para trabajarla debemos fundirla calentándola al baño María hasta unos 45º, y ya podemos aplicarla con un pincel. Es un adhesivo excepcional pero hay que saber darle el punto. Y puede reutilizarse cuando se ha enfriado, basta calentarla de nuevo. Sólo debemos vigilar si necesita unas gotas de agua para restituir la humedad que ha perdido con la reiterada cocción.

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P: ¿Qué aconsejas para presionar la tapa durante el encolado?
R: Muchos guitarreros lo hacen con cuerdas, pero yo no soy partidario porque podemos dañar el borde con la tensión. Lo mejor es utilizar bandas de goma, que se sacan de las cámaras de los neumáticos, puedes conseguirlas gratis en cualquier taller de coches. Aunque ya las ruedas no llevan cámaras y la goma se convertirá en una preciada antigüedad (risas). Tendremos que buscar otra cosa.
P: ¿Qué opinas de los kits de guitarras para montar?
R: Hacer una guitarra es complicado, incluso con un kit que traiga todas las piezas. ¿Qué curvatura hay que darle a la tapa armónica? ¿Cuánto debemos lijar? ¿Cómo se encola el puente? Pasa igual que con la interpretación, hay cursos para aprender a distancia pero nada aventaja al profesor que te corrige y te enseña a poner las manos. Por supuesto, actualmente con Internet hay más facilidad, los vídeos son de gran ayuda para aprender cómo se hace una guitarra.

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P: ¿Te gusta enseñar a los aficionados?
R: Mucho, creo que no soy mal profesor. Este trabajo es muy artesanal y me gustaría que alguien de mi familia lo continuara. Mis hijos ya han tomado caminos diferentes, pero tengo la esperanza de que alguno de mis nietos salga con vocación y se venga conmigo al taller.

Manuel Montes grabando

Buho Estudio  ha puesto un video del prueba del sonido por Manuel Montes:

Vídeo demostración de sonido de la guitarra creada por el lutier barreño Manuel Montes.

Quisimos alterar lo menos posible el sonido de la guitarra, por lo que se usó únicamente una pequeña EQ mid-side, dejando los medios-agudos un poco apartados del centro.

Los micrófonos son dos Behringer B1 que cuentan con un filtro low cut a 75Hz aproximadamente, los cuales se han panoramizado por completo a izquierda y derecha para dar mayor amplitud y juego de frecuencias con la ecualización natural de la colocación de los micrófonos.

También se ha usado una pequeña reverb ambiental.

Música original de Manuel Montes. Si quieres contactar con Manuel pincha aquí

El taller de Chuchi

El Taller de Chuchi en Jerez es un rincón lleno de instrumentos y materiales de todos tipos, entre lo clásico y lo moderno.

Abajo se encuentra un vídeo reportajes sobre él, el oficio y la música.

    ” a mi, lo que me gusta después es como se queda la persona, que coge el instrumento y que tu has hecho lo que él veía..”

 

“España era un desafío”

Esteban Javier Eijo es un argentino de Tucumán que llegó hace seis años a Jerez de la Frontera, en España, buscando la expresión y el desarrollo de la luthería desde sus raíces.

Desde su modesto taller, situado en la zona céntrica de la ciudad, Esteban aguarda con un mate y una guitarra a medio hacer. Es su propio jefe y él mismo se determina su horario de trabajo.

Los trozos de madera, las herramientas desordenando las mesas, el olor a barniz y el serrín esparcido por los suelos denotan enseguida la particularidad de un lugar muy vivido.

Desde su pequeño habitáculo da forma y música a los pedidos que luego recorrerán diferentes lugares del mundo. Sus guitarras están distribuidas por países como Alemania, Italia, Suiza, Inglaterra, Argentina o Israel.

De concertista a Luthier

Siempre tuvo especial interés por la música y a los 26 años comenzó a desarrollar su inquietud. Empezó como concertista de guitarra clásica mientras realizaba estudios de luthería de la mano del profesor José Luis Cardoso en la escuela de Tucumán, Argentina.

Sin embargo, acabó radicándose en Córdoba a donde llegó para estudiar en el conservatorio, hasta que un profesor vio su guitarra y le dijo: “¡Che! ¿y esa guitarra?”. A partir de entonces, se dio a conocer en el ámbito de la luthería y los pedidos fueron creciendo. Decidió montar su propio taller y dejar los estudios por falta de tiempo.

“Estaba rebien en Córdoba hasta que un día pensé ¿y por qué no España? Algunos amigos me dijeron que me iba a vender helado al polo porque allá estaban los más grandes”. Su profesor de guitarra clásica ya vivía en España y desde entonces le rondaba la idea. Primero estuvo en Barcelona hasta que llegó a Jerez de la Frontera, cuna del flamenco. Fue entonces cuando conoce al Maestro Balao, quien le alquiló un apartamento donde dispuso su nuevo taller.

Ahora se encarga de construir y restaurar guitarras. Antes solía hacer de dos a tres piezas por mes, pero con las reparaciones afirma que el trabajo se ha incrementado y que es más difícil cuantificar.

Afirma que la expansión de su trabajo hacia otros lugares no se debe tanto a una exhibición propia, sino a que mucha gente llega a Jerez en busca de guitarras. “Cuando llegué pensé que esto iba a estar plagado de constructores, por la fama del flamenco, pero al contrario, he dado clases y he acabado enseñando el oficio”.

Una guitarra con historia

Recuerda con gracia algunos de los pedidos más curiosos que le han hecho y revive la historia de una guitarra marcada por un trágico conflicto. “Tenía un amigo que quería que le arreglase su guitarra. Esta había pertenecido a un conocido constructor argentino que después de terminarla, se la regaló a su hijo concertista. Se ve que la guitarra no le gustó y ambos discutieron, el joven acabó yéndose del país para seguir su carrera. Mi amigo insistió en comprársela durante más de un año, y aunque este reiteraba su negativa a no hablar más de aquel instrumento, al final cedió. Cuando la guitarra ya tenía una historia, llega a mi taller porque Luis, mi amigo, quería que la arreglase. En una de las llamadas que este hace a Buenos Aires para hablar con Castañera, el constructor, le cuentan que el viejo se había suicidado. En aquel momento dije en broma ¡A ver si se me aparece por la noche el dueño de la guitarra! Pero finalmente hice mi trabajo y se la arreglé”.

También relata cómo se sintió el día que el guitarrista y compositor Eduardo Falú tocó por primera vez una guitarra suya. “Al principio tenía inseguridad, pero luego es lo más gratificante”.

Entre lo clásico y el flamenco

Asegura que la elaboración de una guitarra es similar a un proceso de creación artística y que supone un proceso delicado. “Lo más complejo es marcar la afinación ya que se tiene que ser muy preciso. Lo demás se adquiere con el tiempo. Tengo guitarras que poseen el mismo modelo, pero que jamás son las mismas por el tipo de madera o el tratamiento que se le ha dado”.

Cuando llegó a España tuvo que ampliar sus conocimientos y variar el formato debido a la fuerte demanda de guitarras de flamenco que en Andalucía se contempla. “En Argentina hacía guitarras clásicas, pero cuando llegué a España comencé a elaborar guitarras flamencas. La realización es prácticamente la misma; cambian las medidas, que es una guitarra más ligera, que posee otra altura en las cuerdas e incluso hasta los colores; la clásica es quizás un poco más sobria”.

Afirma que aprendió mediante la observación. “Les hacía una tomografía hasta que busqué mi propio sonido, mi propia obra. Hoy, cuando me traen la guitarra de otro constructor la acabo haciendo mía, y eso es lo más grande”.

Por otro lado reconoce que la reparación es más difícil que la construcción ya que permite menos margen de error. “Tienes que meterte en la mente y en los sentidos de la persona que la hizo; volver a ese momento ¡Es lindo!”

Mientras responde las preguntas prepara su próximo pedido y muestra el lugar donde guarda las piezas terminadas. Anochece pero él seguirá trabajando, una suerte de la que no disponen actualmente muchos españoles. “Esto es lo que me gusta y ocupa mañana, tarde y noche”.

Se imagina como un gran músico y guitarrista reconocido y con la capacidad de promocionar sus propias guitarras. “Aunque la luthería le haya ganado la carrera a la música, nunca he dejado de tocar”. Por ahora sigue volcado en sus guitarras dándoles el corazón propio para que cada una lata al ritmo de sus propias cuerdas.

El reportaje original se puede encontrar el lachachara.co

y en el blog de Paula Romero

Un sonido artesanal con acento barbateño

Lo siguiente, publicado en el Heraldo de Barbate por:
Joaquín Fernández  |  27 de Agosto de 2013
El original se encuentra aqui
Hace casi una década, Sebastián Benítez, un joven luthier y músico barbateño, comenzó a construir guitarras y cajones flamencos.

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Los instrumentos hablan. Cuentan historias. Los sonidos también. Tienen incluso acentos. Cecean, sesean, cada uno a su forma. Las notas no se callan. Comunican. Enseñan como es el músico, el que hace hablar al sonido. El instrumento sigue conversando. Cuanto más se le oye, mejor se le entiende. Se puede percibir su acento. Sus maderas, sus cuerdas, su forma tiene un origen, y es lo que le permite comunicar. Su idiosincrasia.

En Barbate también hay sonidos con acento. Un acento artesanal. No sólo el del mar o el de las gaviotas cuando vuelven los barcos. Sino un sonido al que Sebastián Benítez le da vida para que otros le hagan hablar. Hace casi una década, este joven luthier empezó a construir instrumentos musicales, guitarras y cajones de alma flamenca. No comenzó por casualidad. Sebastián guarda una estrecha relación con la madera, ya que su padre es carpintero. “A mí el oficio de carpintero no me llama mucho la atención. Entonces, poco a poco empecé a curiosear con el tema de la construcción de instrumentos”, comenta mientras echa una ojeada a los materiales para crear una guitarra que tiene en la carpintería de su padre.

Sebastián Benítez se ha formado como luthier gracias a su afán por aprender y mejorar cada vez que inicia una nueva guitarra. Internet ha sido su puntal más fuerte, como reconoce, pero los libros y los sabios consejos de constructores de guitarras de la provincia, como Rafael Porras o Rafael Romero, le han permitido conocer los detalles que verdaderamente dan vida al instrumento. Tardó un año en construir su primera guitarra. “Cada vez que creaba una daba un paso más y experimentaba, intentaba estudiar las carencias, analizaba constructores para así en cada intento perfeccionar más el instrumento y dar un salto de calidad”. Los buenos materiales y, sobre todo, la paciencia son las herramientas necesarias para un constructor de guitarras.

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Un sello personal

Otras de las peculiaridades de este joven luthier es que, además de constructor, es músico. “Empecé a aprender a tocar la guitarra a la vez que las fui construyendo. Cuando hice mi primera guitarra tuve que llamar a gente continuamente para que la probara y que me diera sus consejos”, recuerda Sebastián. De esta manera, conoce mejor el instrumento por dentro y por fuera, lo que le ayuda a mejorar tanto como músico como constructor de guitarras. Además, el último proyecto discográfico de su grupo, ‘Despegaíto’ está grabado con instrumentos construidos artesanalmente por él.

El dinero, quizás, sea un objetivo necesario para poder vivir. Pero en este oficio de luthier, no sólo el dinero es la meta que se pretende alcanzar. El reconocimiento entre los músicos es fundamental. Un reconocimiento por las peculiaridades de sus creaciones, por su sello. Así lo considera Sebastián Benítez. “El objetivo y lo más bonito es poder entrar en ese pequeño círculo de constructores y que tu nombre suene y reconozcan tus guitarras por lo buenas que sean”, afirma.

Físicamente es posible reconocer las guitarras de este barbateño por su dibujo tallado en la pala. Es lo más personal. Sebastián talla una mariposa y en otras ocasiones una piña, en honor a la Breña, para así otorgarle un carácter más local al instrumento.

En busca de un sonido que hable. “Cuando creo una guitarra lo que trato es de buscar el sonido que entiendo que es el ideal y más me llena, aunque para otros no lo sea”. El sonido es personal, por ello tiene su acento. Un acento peculiar y que sólo cada constructor sabe otorgar con sus manos para que otras manos le hagan hablar. Un sonido artesanal, pero con acento barbateño.

Artículo sobre los instrumentos

The quick, brown fox jumps over a lazy dog. DJs flock by when MTV ax quiz prog. Junk MTV quiz graced by fox whelps. Bawds jog, flick quartz, vex nymphs. Waltz, bad nymph, for quick jigs vex! Fox nymphs grab quick-jived waltz.

Brick quiz whangs jumpy veldt fox. Bright vixens jump; dozy fowl quack. Quick wafting zephyrs vex bold Jim. Quick zephyrs blow, vexing daft Jim. Sex-charged fop blew my junk TV quiz. How quickly daft jumping zebras vex.

Two driven jocks help fax my big quiz. Quick, Baz, get my woven flax jodhpurs! “Now fax quiz Jack! ” my brave ghost pled. Five quacking zephyrs jolt my wax bed. Flummoxed by job, kvetching W. zaps Iraq. Cozy sphinx waves quart jug of bad milk.

 

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A very bad quack might jinx zippy fowls. Few quips galvanized the mock jury box. Quick brown dogs jump over the lazy fox. The jay, pig, fox, zebra, and my wolves quack! Blowzy red vixens fight for a quick jump. Joaquin Phoenix was gazed by MTV for luck. A wizard’s job is to vex chumps quickly in fog. Watch “Jeopardy! “, Alex Trebek’s fun TV quiz game. Woven silk pyjamas exchanged for blue quartz. Brawny gods just