Andrés Domínguez en su taller

Escrito por Fernando Barón

El interés primordial de los aficionados al bricolaje es el trabajo con madera, y dentro de las maderas el oficio más exigente y preciso es la construcción de instrumentos de cuerda. Por ello hemos entrevistado en su taller a un afamado constructor de guitarras, Andrés Domínguez, que nos ha brindado numerosos consejos, válidos tanto para los constructores aficionados como para los amantes de la madera en general.
Andrés Domínguez pasó por variados oficios antes de ejercer su vocación: fue pastelero, almacenista, barbero, mecánico, incluso algo tan singular entre los luthiers como intérprete de guitarra. Finalmente encontró su camino como constructor, y hoy día veremos su nombre en webs de guitarristas aficionados en países tan remotos como Australia.

Pregunta: ¿Cómo fue tu inicio en el mundo de la guitarra?
Respuesta: Empecé a tocar con 16 años. Mi maestro era un bohemio, tenía la casa llena de libros antiguos y coleccionaba artilugios rarísimos. Era un hombre de humor imprevisible, a veces el alumno lo encontraba irritado y tenía que esperar hasta que se le pasara el mal humor. Pero como profesor era excepcional, fue el maestro de muchos grandes intérpretes. Enseñaba a profesionales pero también a aprendices como yo. Era buen guitarrista, pero no tenía el control del temperamento que necesita el intérprete, de modo que pronto se cansó de las giras y decidió establecerse como profesor.
P: ¿Tenías ya la meta de hacerte guitarrista?
R: Al principio sólo tocaba por afición, claro. Mi primera guitarra me costó 800 pesetas. Trabajaba de día en el taller, iba a mis clases de guitarra varias veces a la semana y practicaba de noche. Fui dejándome ver como aficionado, hasta que un día un artista flamenco envió a su hijo para preguntarme si quería trabajar con él esa misma noche. Así empezó mi carrera de intérprete, que duró bastantes años.

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P: ¿Cómo te pasaste a la construcción?
R: Yo había trabajado en un almacén de maderas y siempre me interesó la ebanistería. Al convivir a diario con una guitarra fue esa la vertiente que me sedujo. Entré como alumno del luthier Manuel Ortega Sousa, discípulo del legendario Santos Hernández. Ortega Sousa era un gran investigador, siempre buscaba innovaciones y mejoras, solía decir que en su vida no había hecho dos guitarras iguales. Aquel formidable artesano trabajaba en el diminuto lavadero de su casa, y como banco de trabajo sencillamente ponía una tabla encima de la pila.
P: ¿Es normal que un luthier sea también intérprete?
R: En absoluto, es muy raro. El constructor no necesita saber tocar bien, sólo con oír una cuerda al aire ya conoce la calidad del instrumento y cuál es el posible defecto si lo hay. Pasa como en la mecánica, un mecánico no tiene que ser un gran piloto para dominar su oficio a la perfección.

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P: ¿Crees posible dominar ambas cosas?
R: No, poco a poco el trabajo con las herramientas te va dañando las manos, y pierdes la delicadeza que requiere tocar un instrumento musical. Además lo que verdaderamente me gustaba era hacer guitarras, de modo que fui abandonando la interpretación y me centré en lo mío.
P: ¿Recuerdas cómo vendiste la primera guitarra?
R: Se le vendí a un matrimonio inglés por unas 10.000 pesetas, cantidad respetable en aquel tiempo. Con ese dinero compré más herramientas, maderas, y sobre todo recibí un enorme estímulo. Trabajaba en casa, en un taller montado de manera provisional. Ya toda mi actividad profesional se cifraba en la guitarra, de modo que tocaba de noche y trabajaba de día.

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P: Veo que tu técnica es muy artesanal
R: No tengo afición a la maquinaria, me gusta hacerlo todo a mano. Incluso trabajos complicados como el vaciado para la roseta, el adorno circular de la boca, lo hago a formón. Es muy satisfactorio.
P: ¿Usa la cola de conejo por apego a la tradición?
R: No, es el adhesivo que emplean todos los constructores. La cola de conejo tiene cualidades inmejorables para la luthería. Su principal virtud es que se deshace con facilidad aplicando calor, o simplemente alcohol. Los instrumentos de cuerda duran muchos años, y son máquinas de precisión. Cuando un violín necesita un arreglo, se le desprende la tapa ablandando la cola animal, se abre como el motor de un coche, y se limpia, se restaura o calibra lo que precise. Se vuelve a encolar, y listo. Ningún otro adhesivo lo permite.

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P: ¿También por eso se emplea cola de conejo en las guitarras?
R: Las guitarras no se abren como los violines, porque el mástil y el diapasón se montan de otra manera. Pero también utilizamos cola animal en la tapa armónica, y el motivo es la acústica. La cola animal cristaliza y transmite mejor el sonido que las colas industriales, por ello se utiliza para anclar en la tapa el puente, la pieza que sujeta las cuerdas.
P: ¿Por qué empleas el secador?
R: Así caliento la zona para evitar que el fraguado sea demasiado rápido, por esa razón antaño no se montaban los instrumentos en invierno. También hay otra función: al subir la temperatura en las piezas a unir, la cola se vuelve más fluida, de esa manera se expande bien y la unión es sumamente ajustada, perfecta. La tapa armónica requiere el máximo cuidado, es como la batuta de la guitarra.
P: ¿Dónde se encuentra la cola de conejo?
R: En almacenes especializados y droguerías. Se compra en placas, cuesta unos 9 euros el kilo: más barata que la cola blanca. Para trabajarla debemos fundirla calentándola al baño María hasta unos 45º, y ya podemos aplicarla con un pincel. Es un adhesivo excepcional pero hay que saber darle el punto. Y puede reutilizarse cuando se ha enfriado, basta calentarla de nuevo. Sólo debemos vigilar si necesita unas gotas de agua para restituir la humedad que ha perdido con la reiterada cocción.

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P: ¿Qué aconsejas para presionar la tapa durante el encolado?
R: Muchos guitarreros lo hacen con cuerdas, pero yo no soy partidario porque podemos dañar el borde con la tensión. Lo mejor es utilizar bandas de goma, que se sacan de las cámaras de los neumáticos, puedes conseguirlas gratis en cualquier taller de coches. Aunque ya las ruedas no llevan cámaras y la goma se convertirá en una preciada antigüedad (risas). Tendremos que buscar otra cosa.
P: ¿Qué opinas de los kits de guitarras para montar?
R: Hacer una guitarra es complicado, incluso con un kit que traiga todas las piezas. ¿Qué curvatura hay que darle a la tapa armónica? ¿Cuánto debemos lijar? ¿Cómo se encola el puente? Pasa igual que con la interpretación, hay cursos para aprender a distancia pero nada aventaja al profesor que te corrige y te enseña a poner las manos. Por supuesto, actualmente con Internet hay más facilidad, los vídeos son de gran ayuda para aprender cómo se hace una guitarra.

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P: ¿Te gusta enseñar a los aficionados?
R: Mucho, creo que no soy mal profesor. Este trabajo es muy artesanal y me gustaría que alguien de mi familia lo continuara. Mis hijos ya han tomado caminos diferentes, pero tengo la esperanza de que alguno de mis nietos salga con vocación y se venga conmigo al taller.